viernes, 31 de agosto de 2007

The book of ilusions

Volví al trabajo luego de una licencia médica de siete días, de los cuales sólo dos estuve en reposo. Los restantes me sirvieron para ponerme al día con el ocio. Por supuesto, casi nula actividad física. No como consecuencia de la bronquitis (37 grados y un poco de tos en realidad) sino porque no fluyeron las ganas. Mis compañías fueron Menos que cero de Ellis, El libro de las ilusiones de Auster, Pulp fiction (por octava vez), y otras cosas que no recuerdo (creo que Shrek 3, creo que alguna Star wars, creo que alguna Rápido y furioso, aunque no creo). Visité algunas partes de la ciudad que no recordaba (siempre acompañado de Jack Johnson) y me reencontré con amigos de antaño. Uno de ellos me invitó a ver Independiente-Boca, pero no consiguió entradas y lo tuvimos que ver por televisión.
Luego de unos cuantos días sin despertador fue difícil encontrar el ritmo nocturno. Tras sólo tres horas de sueño, la vuelta a la tarea laboral se hizo más que ardua. La famosa alienación todavía no se hacía presente, por lo que el ambiente aún no estaba tan denso. Poco a poco, el caos fue tomando forma e incluso parecía más profundo que antes de la licencia, aunque no lograba subsumirme. Extrañamente, me encontraba en la periferia (no por mucho tiempo). El bienestar dura poco bajo un régimen dictatorial donde el diálogo es reemplazado por el monólogo y los súbditos no tienen posibilidad de réplica.
Con el cuerpo descansado pero con el trajín de una noche con pocas horas de descanso, el día se hace eterno...

jueves, 23 de agosto de 2007

Casi de ficción

“El regalo de Riquelme” decía uno de los titulares del periódico deportivo. “Regalo para quién” se preguntaba uno de mis compañeros. “Regalo para sus propias arcas” acotó uno de los jefes, que bien sabe de eso. Y no tardó en aparecer la opinión del más fanático hincha de Boca del local: “Regalo para el fútbol argentino que carece de protagonistas que sepan mínimamente los fundamentos del juego. Porque Román es el único que puede aportar un sentido a cada jugada. Ortega quizás pueda hacerlo también, pero hay que ver cómo evoluciona de sus propias limitaciones extrafutbolísticas. Los demás son todos jugadores ordinarios dentro de un campeonato ordinario.”
La realidad muestra que Boca Juniors deberá invertir cerca de 20 millones de dólares para ordenar en sus filas al hombre que, eventualmente, puede devolver el nivel que tuvo el equipo en la última etapa de la Copa Libertadores. Suena extraño que una parte gane más dinero que el todo, lo que puede derivar en problemas de egos dentro de una disciplina que necesita, esencialmente, de una extrema comunión. Dentro de todos los trabajos, las distinciones jerárquicas crean diferencias que pueden llevar al caos y Boca no puede permitírselo si quiere conseguir el gran objetivo del segundo semestre: El mundial de clubes que se disputará en Japón. De todas formas, es alentador el antecedente de la Copa, pero hay que tener en cuenta que la suma económica actual es mucho mayor a la del préstamo anterior.
En otro sector del negocio, uno de los cajeros se preguntaba si el club puede pagar lo que pide Riquelme. Es arriesgado dar una opinión, ya que sólo los dirigentes pueden saberlo. Siempre se especuló sobre la real situación económica de la entidad dirigida por Mauricio Macri, quien, a lo largo de su mandato, aseguró que las cosas estaban en orden. “Pero muchos dudan de que sea así”, declara el de la caja de al lado y agrega que “si hasta los clubes más importantes de Europa tienen problemas para pagar.”
Varias voces se alzan al mismo tiempo y, por allí, puede escucharse que “si Román quiere tanto a Boca tendría que bajar sus pretensiones y adecuarse al mercado nacional, de otra forma va a tener que seguir de vacaciones en Valencia.” Las cartas están echadas, aunque seguramente se barajará de vuelta y seguirán las negociaciones por conseguir la ficha de Juan Román Riquelme. Lo que todos se preguntan es ¿Por qué se gastaron 3 millones y medio de dólares en Leandro Gracián?

martes, 21 de agosto de 2007

Ignition

Poco a poco las neuronas van abandonando el letargo, aunque necesitarán de una abundante taza de café para comenzar el proceso. Con esto comenzará la aliención que permitirá el regreso a las tareas laborales de cada semana. Antes del café, un extenso viaje (acompañado de las dulces melodías de Morcheeba) conspiró contra la resurrección neuronal. Pero la irrupción en el ambiente laboral, físico y específico, inició el mecanismo.
Luego de la nombrada taza cafeinómana, comenzaron a irrumpir en el lugar las visitas de los clientes que fueron atendidos por todos los empleados, menos por mí. El aroma profundo del café me tenía subsumido y no podía salir del letargo. Hasta que encendieron la radio y la armonía quedó para otro momento. Comenzaron los gritos acompañados por una música horrenda de FM y sujetos que iban de un lado a otro. Tomé mi puesto detrás del diminuto monitor de 14 pulgadas que me acompaña cada día. La alienación ya era efectiva y el malhumor se apoderó del ambiente.

Born to die in Berlin

¿Se acuerdan de "A jugar con Hugo"? Bueno, acá no van a poder jugar con Hugo, pero podrán leer incoherencias de este mundo incoherente que se maneja con teclas y, a veces o muchas veces, poco ingenio. Dedos lentos, mente simil o al contrario. O todo junto. Un tema clave parece ser delimitar el contenido del Blog. Rápidamente puede surgir el tema del potpurrí, de la información general, de la nada. Y cómo esa nada puede transformarse en algo. O cómo escribir cualquier cosa puede seguir siendo eso: Cualquier cosa.
En este feriado las neuronas están de paro, así que nada inteligente podrán observar, sólo el divague de una mente adormecida preparada a despertarse dentro de unas cuantas horas. Méndez perdió en La Rioja, Independiente es el único puntero, la gente sigue viendo a unos pocos imbéciles guardados en una casa o a un infame que conduce un reality que no quiere serlo. Mientras, el tiempo transcurre. Y seguimos el camino hacia el ocaso.