Poco a poco las neuronas van abandonando el letargo, aunque necesitarán de una abundante taza de café para comenzar el proceso. Con esto comenzará la aliención que permitirá el regreso a las tareas laborales de cada semana. Antes del café, un extenso viaje (acompañado de las dulces melodías de Morcheeba) conspiró contra la resurrección neuronal. Pero la irrupción en el ambiente laboral, físico y específico, inició el mecanismo.
Luego de la nombrada taza cafeinómana, comenzaron a irrumpir en el lugar las visitas de los clientes que fueron atendidos por todos los empleados, menos por mí. El aroma profundo del café me tenía subsumido y no podía salir del letargo. Hasta que encendieron la radio y la armonía quedó para otro momento. Comenzaron los gritos acompañados por una música horrenda de FM y sujetos que iban de un lado a otro. Tomé mi puesto detrás del diminuto monitor de 14 pulgadas que me acompaña cada día. La alienación ya era efectiva y el malhumor se apoderó del ambiente.
1 comentario:
Parece que a Hugo le hace falta una inyección intravenosa de Carpentier para levantar un poco. Adhiero a las felicitaciones de la Negra (sólo porque no te puedo felicitar por mi propia cuenta). Hay que llenar el blanco con letras y más letras.
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