Insólitamente, luego de haber falseado mi estado de salud y decir que me aquejó una bronquitis leve, una devastadora faringitis, con temperaturas de hasta 40 grados y una real bronquitis impidieron que pueda abandonar la cama por más de 20 minutos seguidos durante los mismos malditos 7 días que había inventado (tal burda novelita de ciencia ficción para chicos de 10 años). Ya no hubo paseos por la ciudad, ni reuniones con amigos, ni lectura de libros. Sólo alguna esporádica mirada al televisor que nada relevante mostraba: Noticias inventadas para sepultar la tensa realidad política y económica del país; noticieros que pasan esas noticias o no, pero que siempre responden a un determinado poder; ficciones que transforman ideas viejas; programas triviales con panelistas absurdos y conductores aún más absurdos; emisiones deportivas que no cuentan lo que tendrían que contar, sino si un equipo (en el 90% de fútbol) jugó bien o no…
Demasiado tiempo de inactividad física desencadenó en demasiada actividad psíquica. Así aparecieron los afectos olvidados, consecuencia de la vorágine en la que estamos inmersos o los objetivos propuestos cuando la adolescencia prometía que las metas no serían inalcanzables, las tardes en la pileta vacía de Nacho (con Fu Manchu como banda de sonido y skates volando por doquier) y los ensayos en la quinta abandonada de Moreno, el primer recital cuando comenzaba la década del 90 (una de tantas visitas internacionales de esa época) y el recuerdo añejo de un partido de fútbol donde los jugadores apenas se distinguían por la distancia que me separaba de ellos.
Mi ausencia no sólo fue producto de la bronquitis, ya que tuve un bloqueo importante que no me dejaba coordinar palabras y mucho menos tener una gramática aceptable. Aunque haciendo una retrospección sincera, dicho bloqueo me persigue desde hace unos diez años aproximadamente.
Demasiado tiempo de inactividad física desencadenó en demasiada actividad psíquica. Así aparecieron los afectos olvidados, consecuencia de la vorágine en la que estamos inmersos o los objetivos propuestos cuando la adolescencia prometía que las metas no serían inalcanzables, las tardes en la pileta vacía de Nacho (con Fu Manchu como banda de sonido y skates volando por doquier) y los ensayos en la quinta abandonada de Moreno, el primer recital cuando comenzaba la década del 90 (una de tantas visitas internacionales de esa época) y el recuerdo añejo de un partido de fútbol donde los jugadores apenas se distinguían por la distancia que me separaba de ellos.
Mi ausencia no sólo fue producto de la bronquitis, ya que tuve un bloqueo importante que no me dejaba coordinar palabras y mucho menos tener una gramática aceptable. Aunque haciendo una retrospección sincera, dicho bloqueo me persigue desde hace unos diez años aproximadamente.
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