viernes, 31 de agosto de 2007

The book of ilusions

Volví al trabajo luego de una licencia médica de siete días, de los cuales sólo dos estuve en reposo. Los restantes me sirvieron para ponerme al día con el ocio. Por supuesto, casi nula actividad física. No como consecuencia de la bronquitis (37 grados y un poco de tos en realidad) sino porque no fluyeron las ganas. Mis compañías fueron Menos que cero de Ellis, El libro de las ilusiones de Auster, Pulp fiction (por octava vez), y otras cosas que no recuerdo (creo que Shrek 3, creo que alguna Star wars, creo que alguna Rápido y furioso, aunque no creo). Visité algunas partes de la ciudad que no recordaba (siempre acompañado de Jack Johnson) y me reencontré con amigos de antaño. Uno de ellos me invitó a ver Independiente-Boca, pero no consiguió entradas y lo tuvimos que ver por televisión.
Luego de unos cuantos días sin despertador fue difícil encontrar el ritmo nocturno. Tras sólo tres horas de sueño, la vuelta a la tarea laboral se hizo más que ardua. La famosa alienación todavía no se hacía presente, por lo que el ambiente aún no estaba tan denso. Poco a poco, el caos fue tomando forma e incluso parecía más profundo que antes de la licencia, aunque no lograba subsumirme. Extrañamente, me encontraba en la periferia (no por mucho tiempo). El bienestar dura poco bajo un régimen dictatorial donde el diálogo es reemplazado por el monólogo y los súbditos no tienen posibilidad de réplica.
Con el cuerpo descansado pero con el trajín de una noche con pocas horas de descanso, el día se hace eterno...

1 comentario:

Anónimo dijo...

Motero! La verdad es que te faltaba El Padrino y estabas cerca de estar en el éxtasis del día por enfermedad (buenos libros, buenas películas, un poco de cama y mucho de paseo).