El sueño terminó para los Spurs. En un Staples Center plagado de figuras, dentro y fuera de la cancha, la historia no fue muy distinta de la vivida en los partidos anteriores y los angelinos posaron la corona del oeste sobre su cabeza después de cuatro años. El gran rey fue Kobe Bryant, quien comandó a los Lakers al 100-92 que selló la serie, donde el viejo árbol texano no pudo soportar la bravura y juventud del río que lo acorraló.
Así se lo vio a San Antonio con las lesiones crónicas de Tim Duncan, quien no pudo gravitar y ser tan determinante como en otras finales, un Emmanuel Ginóbili muy distinto al habitual y un conjunto que ya no puede soportar un partido cada dos días en instancias tan desgastantes. El promedio de edad es de más de 30 años y se producirá un importante recambio que genere una reestructuración dentro de la franquicia.
Un párrafo aparte para Bruce Bowen, quien defendió muy bien ante Kobe, aunque no pudo parar al mejor jugador de la NBA, el MVP de la temporada regular y quien, seguramente, será elegido como el más dominante en la final ante Boston o Detroit.
Gran parte del logro hay que adjudicárselo a la gerencia de los Lakers, que consiguió el fichaje de Gasol. El español fue importante debajo de los tableros, tanto en los rebotes como en la obstrucción de la ofensiva rival y fue un antes y un después en el destino del equipo dirigido por Phil Jackson.
La defensa del título no pudo lograrse y la temporada terminó para San Antonio. El técnico Gregg Poppovich renovó por 4 años más, quien delineará el futuro de los Spurs para la 2008-2009 y el descanso, Juegos Olímpicos mediante, renovará las energías de Duncan y compañía.
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