
El festival continuó el sábado con algunas presentaciones sobresalientes. Luego de un comienzo con varias bandas nacionales, Mars Volta se adueño del escenario Motrokr y demostró de qué forma se ejecuta un recital en vivo. Mucha electricidad y psicodelia que conformaron un combo atronador, acorde a lo que se esperaba, donde el virtuosismo de Omar Rodríguez López y la locura y gran capacidad vocal de Cedric Bixler Zabala se robaron el show pateando unos cuantos culos (perdón por la expresión, pero no cabe otra). Una lástima que los organizadores los hayan hecho tocar tan temprano, lo que implicó una merma temporal del sueño lisérgico y setentoso que se vivió en el Club Ciudad de Buenos Aires durante casi una hora.
Al término, Bloc Party subió al Personal Motorola donde ejecutó un set compacto, prolijo y potente que provocó el delirio de los púberes que bailaron al son de las canciones. Los ingleses comandados por Kele Okereke, una especie de Robert Smith algo más crudo, se presentaron por primera vez en la Argentina y expresaron su deseo por volver. Hay que destacar que les sobró casi 15 minutos de escenario, los que podrían haber sido aprovechados por otra banda. Esta fue quizá la única desinteligencia de la organización, quienes no previeron esto ni la gran cantidad de público que congregó Mars Volta.
Luego fue el turno de Kaiser Chiefs, quienes vinieron a presentar “Off with their heads”, su nuevo trabajo. La agrupación de Leeds no se destacó demasiado y se ajustó a un set list lleno de hits sin grandes innovaciones. Es decir, si te encontrabas en una disco y pasaban 14 canciones seguidas de ellos hubiera sido algo muy parecido. Sólo el comienzo, con la intro de “Money for nothing” de Dire Straits, y algunas arengas del cantante Ricky Wilson, rompieron el formato de disco compacto que pareció sonar a lo largo del concierto. Fue una buena presentación que, con el correr de los minutos, permitió ir tomando lugar en el escenario principal para ver a R.E.M.
Y como una piedra preciosa llegó el acto más esperado del festival. Michael Stipe y sus muchachos se adueñaron de la noche para dar un show inolvidable que comenzó muy enérgico con “Living well is the best revenge”, el tema que abre Accelerate, su último disco. El cantante está intacto, con su carisma y su compromiso (creíble) de siempre, que supera el espectro musical, e hizo delirar a 40.000 espectadores durante casi dos horas.
Hubo momentos brillantes como el tramo “Imitation of life”- “Hollow man”- “Everybody hurts”, que estremecieron hasta a las tablas. Y ni hablar de los bises con “Losing my religión” y “Man at the moon” que cerró la velada de manera oficial. Una performance brillante de una de las bandas más importantes de los últimos 20 años.
Como cierre, en el escenario Motomix, hubo un DJ set de Zeta Bossio. Para los que sobrevivieron a la maratón, fue una interesante ocasión para ver al ex Soda Stereo en su nueva faceta electrónica y más en un espacio tan agradable como ese. Una demostración más del eclecticismo que profesa el Personal Fest y casi como una apertura de Creamfields.
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